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lunes, 19 de agosto de 2019

La persona

La persona
más próxima
a mí
eres tú
a la que 
sin embargo
no veo
hace tanto tiempo
más que en sueños


Ernesto Cardenal

martes, 13 de noviembre de 2018

Crónica de un desamor anunciado

En estas semanas fui personaje –incidental, principal y secundario– de historias de "amor" que me llevaron a recordar una escena memorable del libro de Crónica de una muerte anunciada del legendario Gabo.

Mientras prestaba oídos, recordaba el momento en el que, Ángela Vicario pensando en su Bayardo San Román sin ninguna ilusión, él "Nació de nuevo".

A ella le bastaba cerrar los ojos para verlo, lo oía respirar en el mar, la despertaba a media noche el fogaje de su cuerpo en la cama y, entonces, le escribió la primera carta: una esquela convencional en la que le contaba acerca del día en que lo vio y cómo esperaba que él la viera a ella. No obtuvo respuesta.

A esta carta le siguieron otras, al principio ella le reprochaba (sin respuesta) su falta de cortesía. Después de medio año de escribir (sin respuesta) entendió que "el odio y el amor son pasiones recíprocas" y, mientras más cartas escribía (sin respuesta) enardecía, pero volvió a ser virgen para él al tiempo que se volvió víctima de su obsesión.

Así pues, escribió una carta semanal (sin respuesta) durante diecisiete años. Sus letras pasaban por varias fases. Al principio escribía esquelas de compromiso; después, notas de amante furtiva, billetes perfumados de novia fugaz, memoriales de negocios, documentos de amor, por último cartas "indignas" que reflejaban su abandono. En ese proceso, se inventó enfermedades para obligarlo a volver, envió cartas con la leyenda "te envío mis lágrimas".

Nunca hubo respuesta y nunca pensó en renunciar. Incluso, hasta sobornó para que las cartas siguieran llegando al destinatario. Una noche, después de diez años de escribir, la despertó la incertidumbre de que él estaba desnudo en su cama. Le escribió entonces una carta febril de veinte pliegos en la que soltó sin pudor las verdades más amargas. Le habló de las lacras eternas que él había dejado en su cuerpo, de la sal de su lengua, de la trilla de fuego de su verga africana y la envió segura de que ese sería el desahogo terminal de su agonía.

No hubo respuesta.

A partir de entonces dejó de ser ella. Ya no era consciente de lo que escribía ni a quién se lo escribía, pero siguió escribiendo.

Todas las historias que escuché eran así. Pasaban por esas etapas: la iniciativa de acercarse bajo la voz de la amistad, las nostalgias y  las declaraciones de amores y pensamientos eternos (lo pienso siempre); después llegaban las crisis motivadas por la indiferencia en la que se echa toda la carne al asador y se comienza una seducción lejana del amor y, cada vez, más vulgar. Si no se tenía respuesta, llegaba la crisis: el odio y el amor se hicieron uno.

En todas las tramas se pretendía poner punto final y entonces se alejaban, pero todos los involucrados dejaban de ser ellos, les nacía la Ángela Vicario que todos llevamos dentro, y se reiniciaba la espiral ya sin saber de quien estaban enamorados ni por qué.

Se repetía en ciclo.

Era suficiente con que alguno de los dos diera un atisbo de vida y se recargaba de energía toda aquella hecatombe: amistad, amores, nostalgias, erotismo, vulgaridad prostituta, pasión, rabia, abandono, amistad, amores, nostalgias...

¿Será, como dice Sabina, que los amores que matan nunca mueren?




domingo, 18 de febrero de 2018

No te salves

No te quedes inmóvil 
al borde del camino 
no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca                 
no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo
pero sí  pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
                    entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti

jueves, 15 de febrero de 2018

Insumos


A amar también se aprende.
Gabriel García Márquez


Todos tenemos algo que dar, pero también algo que pedir o quitar. Digamos que, mientras cada quien va llevando con cuidado sus insumos, otros vivarachos quieren quitar a otros un poco de peso a la carga hurtando algunas bondades para sus carencias.

Organizamos, algo así, como un Mercado con Trueque:

-¿Qué necesitas? ¿Aceptación? Muy bien, te la doy si me das sexo.
-¿Cómo? ¿Te hacen falta una amiga? No importa, puedo pretender que me importas si me llevas a todos lados como "Uberfriend"

La lista es larga:

Compañía por belleza; Belleza por novia; Novia por Admiración; Admiración por Compañía; Compañía por Sumisión;  Sumisión por Dinero; Dinero por Matrimonio; Matrimonio por Patrocinio; Patrocinio por Sexo; Sexo por Amor; Amor por sexo; Sexo por hijos; Hijos por Obstrucción; Obstrucción por Celos, etcétera, etcétera, etcétera.



A veces la vida se convierte en un infinito intercambio de regalos.


Nos volvemos intercambiables. A unos les damos pan, de otros tenemos circo y así, sucesivamente, nos movemos por el mundo como en una especie de intercambio de carencias y virtudes.

#Isallfulloflove?

viernes, 2 de enero de 2015

martes, 23 de diciembre de 2014

Al amor le dio el "acabamiento"

Érase una vez en un reino muy cercano, una torre donde se acostumbraba descansar, pero tanto tardó el amor en despertar, que cuando lo hizo ya era viejo. Abrió ventanas y persianas; caminó en seguida ante un espejo con la curiosidad que sólo despierta el tiempo, pero nada; no reconoció de sí, ni el rostro. Quería ver los detalles que ahora lo marcaban como a un mapa, así que con cuidado se acercó al espejo, pero poco antes de que su nariz tocara el vidrio, advirtió que no veía. Tenía "vista cansada". 

Se sentó en una silla cerca de la ventana. Era el turno de examinar su cuerpo con detalle, no con el que él hubiera querido, sino con el que le quedaba. Palpó las consecuencias de su siesta como si leyera un libro en braille. Notó una delgadez pegada al hueso. No veía pies, ni piernas, ni caderas; sólo colgaban de su medio, huesos, piel , arrugas y venas. Miró sus manos y estaban agotadas de tanta arruga. Sus brazos eran blandos, como sin hueso y con surcos.

Regresó al espejo y repasó todas y cada una de sus 24 costillas. No todas se veían parejas y se espantó, pero después se acordó que le pasó eso un día en la escuela y se le aclaró que así estaban bien, que no se preocupara, que no estaba mal hecho. 
Se paró lo más recto que pudo y encaró al espejo como si fuera un enemigo que le grita sus verdades; prestó atención a todo; vio sus pulmones y, en medio de toda esa hecatombe, al corazón.

Se tomó el pulso y le pareció un latido débil. Se recostó. Tenía sueño, pero evitaba dormirse por temor a que le sucediera lo mismo que en aquel tiempo en el que estaba tan cansado de ajetrearse, que decidió una siesta reparadora y helo ahí. Jodido. 


Entre más tiempo miraba el techo, más recordaba sus andares. De aquí para allá siempre al extremo, ninguneado o acosado. Ni una vez había caminado tranquilo y despreocupado. "Lo fatigante que es salir a todo y nada" pensó. Se dedicó tanto a pensar en si debía salir, que se volvió a cansar. Miraba al techo para no dormir, pero le aburría el sólo pensar en las personas que le hablaban para puras pendejadas que, generalmente, dejaban a medias. Así pues, se hizo de noche. Volvió a cerrar las ventanas porque ya empezaban a gritarle; se recostó en el casi inquebrantable huequito de cobijas y exclamó: -¡Ay, no! ¡Qué pinche hueva me dan!" y se durmió otra vez. 

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Fin






lunes, 22 de diciembre de 2014

miércoles, 29 de agosto de 2012

¿Dónde será que estás ahora, en este instante?

 “Cause you come and you go
you go and I wait,
I wait and you move,
you move and I come.” JD







Hoy te quiero a un ritmo vagabundo, trotante. Vas-regresas solo y ni te enteras. Ya no hay llamadas, está caduco. Me re-enamoro en un instante y huyo casi al mismo tiempo.

Repasamos la memoria.

No hay pretensión de buscarte o reiniciar besos o amores. Sólo pasa:

Recuerdo y revivo, revivo y retomo. Corro por el tiempo. Tropiezo y meto las manos. Exploro y sonrío; me detengo y ostento que, en alguno de tus mundos, hay un lugar vacío que labra mi nombre.

“¿Será que sientes en la distancia mi compañía?”

Regreso al paso actual y te quiero a ritmo de Jorge Drexler

Drexler, Jorge "Dove Sei"




lunes, 5 de septiembre de 2011

Cuando aparezcas


Los amantes - Shiele


Vuelve otra vez y róbame.
Despójame de toda sensación que no lleve un contigo.
Haz de mi memoria un trapo;
recuéstate en mis labios;
delíneame en tus noches y atraviésame la piel.

Siéntate.

         Esfuérzate en arder

                                   No envilezcas más a estos placeres tan mordidos.

                                                              Vuélvete huésped, hagámonos viejos... inoportunos.

Enciéndeme los ojos, conmuéveme las manos.
Paséate en mis suspiros y cánsate el placer.
Libérate sereno, retente en vino tinto, 
Cuéntame ciudades y enrojame la piel.

Decrétame en tus tiempos -que este año se quede-, espántame en lujurias, despídete de noche y vuelve a mi otra vez.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Que nos vaya bonito

No sólo basta tener recuerdos, es necesario olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan.  Rilke



Até mis pies con cintas de firmeza para no correr más hacia ti. Seamos claros, de suspirar lo suficiente te alcanzaba. Marchabas lento, cuidabas la espalda, como esperando la estocada que no di, el abrazo que perdimos y la ausencia de este fin.

Mis pies seguían ligados, me agaché e hice más nudos; qué tal que huyeran y siguieran a estos ojos tan exhaustos ya de ti. No querías quedarte y no te ibas. No podía obligarte, ni obligarme a mí a partir. Descarrilé a la espera y entre sombras te buscaba. Me topé con esta historia tan dolida y remendada, y repasaba los caminos con rastrojos de un ”te quiero” que sabía más a un “sin ti”.
Qué complicado es el amor cuando los ojos no se encuentran, y que frías eran mis voces antes de exigir a dios por ti.
Dormiste a tus ganas y entumí a mis besos. Esperé sentada y a que esta vida no insistiera en entibiar más tus recuerdos. Pero hoy mis pasos, cansados de antesalas, se desatan y viajan a otros rumbos que dan tiros de gracia a un corazón que fue tan tuyo y para ti.
Sé lo que nos hago y me lo obligo. No es fácil ser verdugo aunque sean tiempos perdidos.Hoy cierro con llave a nuestros versos y rabietas, a nuestros besos y maletas, y a nuestras balas y porqués.
Comamos, pues, esta última manzana y su tintero. Susurrémonos sin odios ni complejos y brindemos al amor que nos vio tanto perder; pidámosle, cariño, que con fe y abrazos tibios me exorcicen tu querer.

viernes, 15 de julio de 2011

Caducidad. [Dixo de madrugada]

Te fuiste y se me fue el discurso tras de ti. ¡Qué digo el discurso! ¡El arrebato! Ajá, y el pendejo se tropezó y se fue de boca. No lo había visto y le llamé. Pobre, se rompió el hocico; ya no habla, se desvieló.
Y es que él no entiende nada. No lo culpo, sí cuesta trabajo, no creas que no. Yo lo aprendí a la mala, en la práctica. Anduve harto, caminé muertos culposos, saboreé excusas en negro y entretuve despedidas, pero la sinrazón también se cansa; su mano tiembla y se hace frágil.
Madrugué y cambié las sábanas, escombré mundos alternos, inframundanos. Los sacudí. Barrí pajas propias y ajenas, pretensiones peregrinas, decisiones blandas. Así pues, después de tantas noches, vi que era inútil apartarte ya un lugar. No podía echarte al buró porque, pa’empezar, si siquiera tengo uno. En mis almohadas cada hectárea cuenta y, perdón, pero me ocupabas mucho espacio.
Te acabaste mis ganas, mis ojos y mis pechos. Luego entonces, las lunas me quedaron guangas y en enojo. Fui víctima del Síndrome de Desilusión Humana, ¿ya sabes cuál?, ese que te llega en gesto arcaico e irrebatible, y luego, te baña en frío de un jalón dejándote huequito en la panza, como entre gancho y acto reflejo.
En fin, pensé que con tu exilio tendría más noches para mí, hasta que me topé con la cama y, entonces, una noche de esas tantas noches entendí, que la caducidad de amar era como dormir sin ti.

martes, 31 de mayo de 2011

Una mujer que te invita al Hotel

#Nohaynadamássexyqueunamujer que te invita al Hotel”

El arte de la seducción no cualquiera lo maneja. No solamente se trata de gustarle a alguien, se entiende; pretende que –quizá, aun sin gustarle- uno pueda hacer mucho más que lo propio. No es fácil enchufar los elementos; éstos deben ser sugerentes, explosivos: líneas, curvas, discursos, oscilaciones indecisas, arrebatos, labias y labios, manos sin hilos, hábitos cuarteados, piernas, texturas, sabores y aromas en rojo son los que nos excitan a invitar (o viceversa). Obviamente y dentro de todo lo anterior, también se debe incluir, como un obligado,  al espacio asociado a la seducción por excelencia, el Hotel.
Este albergue de amores y viajeros siempre me ha parecido sumamente peligroso, sobre todo, si no se sabe manejar. Una salida en falso puede que haga de la experiencia algo insípido y acartonado…, predispuesto.
El patrón social –al menos en mi entorno- dicta con voz fuerte que “Él” se encarga de ultimar los detalles relacionados con ello. Es como una regla no escrita -y tal cual pasa con las escritas- nos hace fantasear con lapidar lo obvio trasladándonos a un “Mundo al revés”,  a un distrito donde “Ella” se encargue del Hotel.
¿Es una fantasía más de hombres que de féminas?, sí. ¿Cuál es mi fuente? El alto número de menciones en Twitter a través del hashtag:  “#Nohaynadamássexyqueunamujer que te invita al Hotel”
Así se alardeaba la intención en esta red social, pero en el mundo tangible ¿cambia en algo que la que incite el hotel sea una chica?, ¿siempre resulta sexy que una mujer te invite a un hotel? Para mi sorpresa, muchos consideran que, más que sexy, por lo menos al principio, resulta intimidante. Lo anterior me recordó que hace algún tiempo, en afán de encontrar la originalidad en un regalo de cumpleaños y sin más que un vestido corto en mi haber, adulteré las políticas no escritas de mi contexto y llevé a un chico al Hotel.
La víctima no sabía mis intensiones, al menos, eso creo.  Lo contacté, le dije que tenía un regalo para él, nos pusimos en las agendas mutuas, enuncié en qué zona andaría y voilá. Llegó el día, llegó la hora y llegó la llamada: “Estoy a una calle. Es momento de decirme a dónde voy, si no, tu sorpresa tendrá un problema de logística”. Mi respuesta: “Estoy en el Hotel …, en la habitación… el valet te está esperando para llevarse tu auto.”
SI –LEN- CIO
Después de unos segundos que me supieron a litros, hubo un “Órale”. Así, de ostento seco, como de arena.
Entró a la habitación como un niño en su primer día de Kinder. Relegó el saludo. Caminaba despacio, desconcertado. Intentaba reconocer el espacio pero no pudo, se atravesó un pasillo pequeño, de esos que en emergencias parecen travesías. Seguí su andar pero creo que al principio no podía hilar ni sus propios pasos. Su intento por avanzar fue inútil. Me acerqué de a poco y de puntas con mis zapatos altos, mis medias negras y mi pequeño vestido; cerré mis ojos y le cosí un beso en la mejilla. Tomé su mano y lo guié hacia la habitación sostenida en velas pequeñas. El aire respiraba voz sensual, Martina Topley Bird, acompañaba a una mesa con vino espumoso.
Después de un torpe intento por jalar su silla y sentarse, él permaneció en silencio; jugaba con sus pulgares; miraba curioso a su alrededor escapándose de mis ojos. Yo debía cortar el inesperado hielo sabor a espada, y así como así, solté la frase más masculina que jamás hubiera salido de los labios de una chica: “No te sientas nervioso, no va a pasar nada”. Supongo que al mismo tiempo aumentó de manera extraordinaria mi nivel de testosterona. “Sólo busqué un lugar más privado para invitarte a cenar en tu cumpleaños”, continué.  No sé si me escuchó, y si lo hizo, me ignoró porque su nerviosismo no aminoraba, quizá fue porque él, como varón, conocía a la perfección el verdadero significado de esa frase que podía estar en el Top 10 de las más grandes mentiras de la historia. Más tarde, destiné lo más femenino que podía hacer en mis condiciones –de alguna manera debía aminorar mi crecimiento de patilla resultado de la frase anterior-; crucé la pierna y dejé mostrar un poco de mi muslo, justo la parte dónde comienza el encaje de las medias. “Si esto no le quita el nervio, por lo menos lo desmaya”, me dije sobreestimando mis portentos. Afortunadamente, pasó lo primero. Paulatinamente, la charla viajó por caminos familiares, íntimos. Entre bromas le dejé ver que tenía unos regalos para él. Ignoro si en ese momento pensó que me sentaría en sus piernas para que me arrancara las medias con los dientes, pero, lejos de eso, sucesivamente, y con rituales extraños, le di tres regalos. Al tercero, él ya tenía por completo su garganta, sus manos, sus caricias, sus labios, mis besos, sus versos y mis medias. Y sí, piensan muy bien, la expresión “No va a pasar nada” fue mentira.
Salimos del hotel, agradeció repetidas veces el obsequio que él mismo bautizó como “Regalo fantasía” y me llevó a casa. Desde entonces, no hemos vuelto a salir.

Tomado de: http://dixo.com/2011/05/18/una-mujer-que-te-invita-al-hotel-dixo-de-madrugada.php 

lunes, 16 de mayo de 2011

Encargo

No me des tregua, no me perdones nunca.

Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea que vuelves.

¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música  fácil, no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dalos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día, saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
Lo que nadie te pide: las espinas
Hasta el hueso. Arráncame esta cara infame, oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

Julio Cortázar

lunes, 9 de mayo de 2011

Despedida


Nos encontramos. No reconocía tus palabras, pero sí tus labios, tu voz. Pasó el tiempo e ignoraba de qué hablabas, usabas nombres que mis memorias no encontraban, ayeres de lazos rotos. Mis pasos se te habían vuelto polvosos, ajá, esos mismos que alcanzaban tus andares a suspiros.

Busqué inútilmente el sol, la tarde se hizo noche. Sentía aprisa los tictacs -contigo el tiempo no camina- miré de nuevo, y el reloj no se detuvo, volví a implorar y me vencí. Con todo y mi ansiedad, por fin lo supe: no importan las plegarias, contigo, mi tiempo siempre corre.

Te besé con el miedo de desconocer el color sepia y los sabores de antaño. Usé mis manos; recorría terrenos, buscaba cambios. Llegué a tu rostro, me separé un poco y abrí los ojos. Ya reconocía tus gestos. Sonreí, ya no perseguía un boceto a lápiz.

La noche no es larga.

Me llevaste a casa. En nuestras manos no cabía un quizá y nuestros besos se buscaban uno al otro. Nos separamos con promesas de eternidad inconclusa y con la volátil idea de un “juntos” que, hoy día, aun no nos ha visto regresar. 

martes, 12 de abril de 2011

Nostalgias ajenas

Hoy me eres tan ajeno, que pareciera que nunca hubo un te extraño ¿Dónde está ella que tu corazón me quita?  ¿Cómo la encaro si entre sombras la buscas y la encuentras para ti? La sacas de cenizas, la evocas como a un fénix.
 
Me sostengo al fantasearte, me derrumbo al verte en vivo. Te noto así, con ganas de ella. Me usas a mí antojo, y de tus antojos no soy parte. Lloró a ratos. Te odio luego. Me cuestas trabajo, no en las noches que seduzco, sino en las mañanas, cuando no te dejo ir. 

No miento, me distraen más brazos -que a tu lado son poco-, esperando que un día, mis pocos brazos se aniden más en ti.

jueves, 24 de marzo de 2011

Love and hate

Hoy te quiero y te odio al mismo tiempo. Si quieres, puedes llamar frustración al odio, pero de que me mueve el pecho, lo hace.
Te quiero ver y te veo con otras; me amenazo con odiarte y te busco más. Esto ya ni es amor vs odio, esto ya es su cover global, latino. Es amor en francés e inglés. Ilegal.

Sumida en versos prestados asumo tus andanzas:

"Porque nunca fuiste mío, ni lo has sido ni lo eres, pero de mi corazón, un pedacito tú tienes, tú tienes, tú tienes ... "



El cover  de "Love and hate" lo hacen Les Hurlements d'léo para un material llamado Mano Negra Ilegal.

lunes, 21 de marzo de 2011

Rojo

El amor no es rosa ni delicado, el amor, el mío, es rojo, rojo de pasión, de fuego, de guerra y de sangre, de labios y amapola.

Mujer, mujer... el diablo está aquí en la puerta

El Diablo es una figura que, de entrada, provoca sentimientos encontrados, te espanta y te atrae. Te invita a conocer esos lados oscuros, te...