Hoy me eres tan ajeno, que pareciera que nunca hubo un te extraño ¿Dónde está ella que tu corazón me quita? ¿Cómo la encaro si entre sombras la buscas y la encuentras para ti? La sacas de cenizas, la evocas como a un fénix.
Me sostengo al fantasearte, me derrumbo al verte en vivo. Te noto así, con ganas de ella. Me usas a mí antojo, y de tus antojos no soy parte. Lloró a ratos. Te odio luego. Me cuestas trabajo, no en las noches que seduzco, sino en las mañanas, cuando no te dejo ir.
No miento, me distraen más brazos -que a tu lado son poco-, esperando que un día, mis pocos brazos se aniden más en ti.
